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EL YAGÉ COMO MÉTODO DE CONOCIMIENTO La pinta no es como la pintan.

5 dic 2025
3 min de lectura

Actualizado: 11 may

Hay conocimientos que no se escriben, se beben. Hay verdades que no se explican, se sienten. En el corazón de los pueblos indígenas, el yagé -o biyaj-ëy1- no es una

sustancia, sino un camino. Un camino que no se recorre con los pies, sino con la

conciencia. Como afirmo en mi propio trabajo, esta planta es un medio o método de

entendimiento, que nos remite a un nivel de conciencia. Desde esta perspectiva, sostengo que el yagé constituye un método legítimo de conocimiento, cuya validez ha sido históricamente invisibilizada por el paradigma científico moderno, pero que hoy comienza a ser reconocido en escenarios interculturales.

El problema no radica en la ausencia de conocimiento en torno al yagé, sino en la forma en que se ha intentado comprender. Durante siglos, el pensamiento occidental ha privilegiado una epistemología centrada en la razón, la objetividad y la separación entre sujeto y objeto. Bajo esta lógica, todo aquello que no puede ser medido, replicado o verificado ha sido relegado al campo de lo subjetivo o lo no válido. Sin embargo, esta postura ignora la existencia de otras formas de conocimiento, particularmente aquellas que emergen desde la experiencia, el cuerpo y la relación con lo divino.


Vista aérea de un bosque denso y verde
Vista aérea de un bosque denso y verde que simboliza la conexión con la naturaleza y la introspección.Qué son las medicinas ancestrales?

En este sentido, el yagé propone una ruptura profunda con la lógica racionalista. Como se plantea en la tesis, el conocimiento no es una facultad puramente racional. Esta afirmación no solo cuestiona los fundamentos de la epistemología moderna, sino que abre la posibilidad de reconocer el conocimiento como una experiencia integral. En coherencia con ello, juabên es un tejido viviente entre el pensar, sentir y obrar. Esta idea sintetiza una concepción del conocimiento en la que no existe fragmentación, sino interrelación.


Pensar no está separado de sentir, ni sentir de actuar. Todo conocimiento es, en esencia, una experiencia vivida.

Desde esta perspectiva, el yagé no transmite información en el sentido tradicional, sino que transforma la forma en que percibimos y comprendemos la realidad. Cada toma, cada experiencia, se convierte en un proceso de formación, Como se afirma en la tesis, cada vivencia con yagé es una experiencia educativa. Sin embargo, este aprendizaje no ocurre en el plano abstracto de las ideas, sino en el territorio profundo de la conciencia.


Para comprender mejor esta transformación, es necesario acudir a la experiencia misma que ejemplifica este tránsito del pensamiento racional hacia una forma de conocimiento sensorial y vivencial:

De alguna manera con la planta uno deja atrás el pensamiento racional, y la interacción de la mente con la materia; en esa interacción con el mundo inmaterial el racionalismo y la mente son la herramienta y vehículo en el cual nos permite actuar, relacionarnos y desenvolvernos cuando nuestra conciencia está en el plano material.

Al tomar planta hacemos un viaje interno, en el cual cerramos los ojos materiales y

abrimos los ojos internos. En ese proceso y cambio de enfoque el racionalismo y la mente desaparecen al no estar concentrados en la materia (ya que dejamos de relacionarnos con ella) y comenzamos a relacionarnos con los sonidos, vibraciones, emociones y frecuencias. El sentir toma el rol de la mente.

Profundizando en esos estados de conciencia codificamos la información yacente en el campo o estructura del universo, accediendo a la misma realidad que conocemos desde la mente, pero con una agudeza sensorial que la razón no consigue descifrar. La planta nos brinda la capacidad de comprender desde el sentimiento una dimensión de la realidad a la cual la conciencia racional no logra acceder, en gran medida por la frecuencia en la que operamos en el plano material.

Las capacidades sensoriales se agudizan y nuestra percepción se expande. La

comprensión ya no depende únicamente del análisis lógico, sino de la resonancia, de la coherencia, de lo que se siente como verdadero. Esto plantea una pregunta fundamental:

¿cómo se valida un conocimiento que no puede ser demostrado en términos

tradicionales? La respuesta se encuentra en la experiencia misma. Así como una persona puede intuir si es amada o no más allá de las palabras, el conocimiento que emerge del yagé se reconoce por su coherencia interna, por su capacidad de transformación y por su impacto en la vida.

Este tipo de conocimiento desafía directamente los criterios de validación científica. No se trata de una verdad que pueda replicarse en condiciones de laboratorio.

 
 
 

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